Muere Antonio García-Bellido, descubridor de las fronteras invisibles dentro de los seres vivos
El que era uno de los científicos más célebres del mundo, el británico Francis Crick, codescubridor de la estructura del ADN, alertó en el verano de 1975 de las ideas revolucionarias que estaban saliendo de un laboratorio de Madrid y pasando demasiado desapercibidas. Una persona es un ser de 30 billones de células colocadas, tras una coreografía inconcebible, a partir de un único óvulo fecundado. Aquellos españoles, trabajando con moscas, habían descubierto que los organismos vivos, tras la multiplicación de la primera célula solitaria, se desarrollan en módulos, en compartimentos estancos regulados por un puñado de genes: alas por aquí, patas por allá, ojos acullá. Ninguna célula cruza esas fronteras invisibles, como la que marca el límite entre la parte posterior de un brazo y su parte anterior. El líder de aquel laboratorio, el biólogo madrileño Antonio García-Bellido, uno de los mejores científicos de la historia de España, ha fallecido este lunes a los 89 años.

