Los fagos le salvan la vida a Irene, que recibió y rechazó cuatro pulmones trasplantados
La bióloga de la Universidad de Valencia Pilar Domingo-Calap prepara un café de cápsula en su despacho en Paterna, al noroeste de la ciudad. Al lado de la máquina hay una pequeña nevera blanca, como las de los hoteles. De ella saca una bolsa con pequeños tubos de plástico llenos de un líquido que parece agua. En realidad contienen decenas de millones de virus devoradores de bacterias conocidos como bacteriófagos, o fagos. “Si te bebieses esto”, le explica al periodista, “no te pasaría absolutamente nada”. Pero a las personas que sufren infecciones de bacterias resistentes a los antibióticos —una emergencia global que cada año contribuye a cinco millones de muertes— este líquido incoloro puede cambiarles la vida.

