El CSIC limpia las huellas franquistas de sus pasillos y pone rostro a 500 represaliados tras su fundación en 1939
Uno de los mayores símbolos del fanatismo franquista permanece indemne en el número 125 de la madrileña calle Serrano. Aquí se alzaba el Auditórium de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), un templo de la cultura por el que pasaron figuras como la física Marie Curie y el poeta Federico García Lorca. Tras ganar la Guerra Civil en 1939, el dictador Francisco Franco decidió disolver la JAE y fundar sobre sus cenizas el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con una misión: “Hay que imponer al orden de la cultura las ideas esenciales que han inspirado nuestro Glorioso Movimiento”. Sobre el auditorio, se construyó la Iglesia del Espíritu Santo, entregada al Opus Dei. Una nueva investigación revela ahora la magnitud de la represión desatada contra la institución científica republicana: la dictadura ejecutó procesos de depuración contra al menos 498 personas vinculadas administrativamente a la JAE, como Carmen Herrero Ayllón, química y campeona española de lanzamiento de jabalina en 1930.

