Frente al 10% recomendado por la OMS, solo secuenciamos un 6% (y el rebrote empeorará estas cifras)

Hoy por hoy, hablar de variantes del coronavirus se ha convertido en algo tan natural y ‘mainstream’ que a menudo no nos preguntamos cómo sabemos lo que sabemos sobre los cambios en la genómica del virus y sus movimientos a lo largo del globo. La respuesta es sencilla, claro: lo sabemos porque alguien secuencia las muestras que se toman de los diagnósticos de COVID. Es cierto que esa secuenciación no tiene un impacto directo en la identificación de casos ni en su tratamiento, pero en muchos sentidos luchar contra la epidemia sin conocer las variantes que se mueven en la sociedad es luchar con una mano atada a la espalda.

Porque conocer el número de casos, el número de hospitalizaciones y el número de muertes que hay en cada momento está bien, pero es insuficiente. Sabre cómo se mueven las variantes es una información clave, desde el punto de vista de la salud pública, para saber qué está pasando realmente en el país. Por eso, la Organización Mundial de la Salud recomienda secuenciar en torno a un 10% de los casos que se van diagnosticando. España, en octubre (un mes relativamente bajo en casos nuevos), solo llegó al 6%.

Un problema que no conseguimos arreglar

El dato facilitado por elDiario.es es interesante porque, aunque supera el 5% que solicitó la Comisión Europea, parece que tiene más que ver con el bajo número de casos que con un aumento sustantivo de la capacidad de secuenciación. O, para ser más precisos, el problema es que aunque ha aumentado la capacidad de secuenciación en términos absolutos con un gran esfuerzo de los institutos de investigación implicados, la llegada de una nueva oleada (con su aumento de casos) va a hacer que los porcentajes bajen y que estemos epidemiológicamente a oscuras.

Nos encontramos con un fenómeno que hemos visto en otros aspectos de la pandemia. Los problemas que han tenido las administraciones a la hora de dotarse de un cuerpo de rastreadores bien articulado son una buena muestra. Pero en el caso de la secuenciación se da un problema extra: como hemos visto en los casos de Sudáfrica o Reino Unido, secuenciar (e identificar variantes antes que nadie) puede castigarse a nivel internacional. Aunque, como se ha visto posteriormente, esas medidas estuvieran injustificadas.

En este contexto, el optimismo injustificado sobre el fin de la pandemia y los pocos incentivos a la hora de invertir en procedimientos financieramente exigentes han jugado en nuestra contra. No obstante, establecer sistemas de vigilancia es algo esencial. Al principio de la pandemia, cuando analizábamos el caso de Corea del Sur, todos los expertos coincidieron en que su éxito se debió, en buena medida, a que el brote del MERS unos años antes había mejorado sus sistemas de control. Eso es lo esperable: mejorar la forma en la que nos relacionamos con las enfermedades infecciosas. La pregunta es si lo haremos.

Imagen | Parastoo Maleki

Source link