Antonio García-Bellido y el hilo de Ariadna de la biología
El profundo entendimiento que hoy tenemos de la biología de los seres vivos tiene su origen en una serie de descubrimientos que se llevaron a cabo entre los años sesenta y setenta del siglo pasado. La revelación de la estructura del ADN dotó de un mecanismo a la herencia de caracteres de padres a hijos y abrió el camino para entender la acción de los genes. La clonación de sapos y ranas demostró que la información genética, escrita en el ADN, no se pierde en la transformación de la primera célula en el conjunto que es un ser vivo y por el camino aprendimos las reglas básicas de cómo los genes contribuyen a esa transformación. La mayor parte de estos estudios se llevaron a cabo en referencias académicas como Oxford, Cambridge, Boston y Nueva York, pero la última tuvo su epicentro en el Madrid de los años setenta y fue un producto del trabajo de Antonio García-Bellido (1936-2025), con la humilde mosca del vinagre.

